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Con gran entusiasmo nos sumamos a la edición en tierras mexicanas de este hermoso libro: La vida en el centro. Feminismo, reproducción y tramas comunitarias, compilado por Mariana Menéndez y Mariana García y editado por Minervas Ediciones y la Escuela de Formación Feminista, dos proyectos colectivos que desde el Río de la Plata irradian una práctica política feminista novedosa y potente que en estos últimos años no ha dejado de sorprendernos, inspirarnos y nutrirnos.

Esta compilación reúne la palabra escrita de Silvia Federici, George Caffentzis, Raquel Gutiérrez Aguilar, Cristina Vega, Mina Lorena Navarro, Amaia Pérez Orozco, Ana Lilia Salazar y Silvia L. Gil, para posicionar y dibujar un campo de saberes situados y cultivados por la necesidad y el deseo de poner la vida en el centro y disputar modos de reproducción contrarios a los que impone el capitalismo de muerte con sus rasgos patriarcales y coloniales.

Algunos de los textos que aquí se reúnen son ver- siones con algunas variaciones de lo que en su momento fue presentado en el 1er Congreso de la Comunalidad en la ciudad de Puebla en octubre de 2015 y que, posteriormente, nuestra querida compañera Raquel Gutiérrez compiló en el libro Comunalidad, tramas comunitarias y producción de lo común. Debates contemporáneos desde América Latina, editado por Pez en el Árbol y Casa de las Preguntas en 2018. Estas iniciativas son el reflejo de una voluntad de abrir una serie de conversaciones para circular las palabras en torno a la comunalidad, lo comunitario, la producción de lo común, iluminando horizontes de transformación más allá del capital.

En este libro, estas experiencias de intercambio se tejen con una pregunta que las luchas feministas han logrado posicionar con cada vez más fuerza: ¿qué implica poner la vida en el centro?

Sin duda se trata de una pregunta que no es unívoca y que en este libro no pretende ser contestada de ese modo ni tampoco de modo abstracto o universal. Ciertamente, la particularidad de este libro es la de enfocar la atención en el cruce entre los debates de las luchas feministas y los de la producción de lo común, entendida esta última como una relación social y no sólo como la riqueza concreta producida y gestionada colectivamente. Una intersección de debates que fecundamente hace notar la potencia de un saber hacer que, desde múltiples experiencias de lucha y rexistencia cotidiana, como terrenos de creación colectiva logran afectar y fisurar la dureza de la dominación y ponen en entredicho las claves masculinas y dominantes de la política.

Este libro también es parte de un tiempo de rebelión feminista que, como dice Mariana Menéndez, en los últimos cinco años para diversas luchas de mujeres y cuerpos feminizados ha significado una fuente increíble de energía. En México, nos hemos sentido contagiadas por nuestras hermanas del Río de la Plata, a partir de la transmisión de palabras-alma y experiencias de una esperanza que logra horadar lo que se nos presenta como improbable e imposible. Una fuente de energía que retroalimenta los esfuerzos por lanzar y renovar otros contenidos y formatos de lo político en relación con lo que vital y existencialmente importa en medio de profundas crisis de nuestros modos de reproducción.

Poner la vida en el centro es fisurar el sentido dominante que nos dice que en el centro está el capital y lo que no aparezca conectado a su lógica es marginal, residual y prescindible. Ante esto, las luchas feministas a lo largo de la historia han logrado posicionar el desplazamiento —de los márgenes al centro—, aludiendo a que lo que realmente importa y nos sostiene es todo aquello que el capitalismo, patriarcal y colonial niega y desprecia. Un aprendizaje de esto ha sido que, de la operación política de la negación, devaluación y naturalización del trabajo de las mujeres, de los pueblos colonizados y de las especies compañeras dependen las lógicas de acumulación.

En ese sentido, como dice Amaia Pérez Orozco, las luchas feministas nos han invitado a comprender que en medio de la crisis de la reproducción que habitamos, que con la pandemia se ha recrudecido ferozmente, hay dos asuntos centrales: la vida es lo que está en juego, lo que se expresa en un conflicto cada vez más descarnado entre capital-vida, y el papel de los trabajos invisibilizados y feminizados son el colchón final de los procesos vitales.

De ahí que palabras como cuerpo, alimentación, salud, dignidad, autonomía, cuidado, sean parte de una gramática resignificada y con una enorme centralidad en nuestros procesos políticos cada vez más encarnados en la materialidad de la vida y en todas aquellas fuentes que nos sostienen. Como dice Cristina Vega, el contacto con la materialidad de nuestras cuerpas es una operación feminista que resiste la difuminación de la reproducción en un sentido abstracto, con lo que se constituye nuestro punto de arranque en los procesos de lucha.

Para nosotras, en bajo tierra, poner la vida en el centro es aludir a que la lucha sea por construir y preservar un espacio digno de ser habitado y que en éste podamos asegurar nuestra plenitud como cuerpos dignificados desde nuestras múltiples potencias y diversidades. Hemos aprendido que la garantía de esa plenitud también pasa por reorganizar nuestras relaciones de interdependencia con las especies compañeras con las que compartimos el tejido de la vida.

Poner la vida en el centro y luchar por ella es priorizar el cuidado mutuo en relación con los mundos reproductivos.

Éste es un nuevo libro que editamos con Minervas como parte de un relación de apoyo y producción de lo común. Deseamos que sea uno de muchos más.

Vida, Libertad, Autonomía, Interdependencia, Autogestión

Bajo Tierra Ediciones

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