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Carta a Mis Hermanas

Para mí, el problema más difícil ha sido entender, con el cuerpo todo, que no existen los espacios de pares. El problema ha sido alcanzar a comprender que el mundo social, organizado en torno a relaciones mercantiles, a procesos ampliados de acumulación de capital de raigambre heteronormada y colonial, envueltos en múltiples formatos de administración tecnocrática y control estatal que organizan el drenaje continuo de fuerza vital colectiva e individual y de la riqueza material que sostiene la vida humana y no humana; contiene dentro de sí una rígida y persistente jerarquía de lo masculino dominante que es consustancial a reiteradas prácticas de expropiación, tutela y control que se imponen a través de la violencia. Dentro de esa trama inmensa de interdependencia, habitamos -ensambladas de manera jerarquizada- seres humanas con cuerpo de mujer, seres humanes con cuerpos feminizados y disidentes, además de seres humanos con cuerpo de varón. No existen pues, los espacios de pares. No existen y hay que crearlos y ése es un gigantesco problema doble. La duplicidad se exhibe a través del siguiente desdoblamiento: por un lado, no existen los espacios de pares entre los varones y las mujeres y otros cuerpos feminizados y, por otro, no existen tampoco los espacios de pares

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