Sostener y politizar las alianzas entre mujeres es una apuesta que a menudo nos hace convivir con dos experiencias: la inmensa potencia que brota cuando, entre distintas, nos volvemos fuente de fuerza unas para otras, y la confusión, el susto y el cansancio que llegan en cuanto esa fuerza parece evaporarse.
De esa tensión nace esta segunda carta. Raquel Gutiérrez Aguilar vuelve sobre la alianza que, a mediados de los noventa, ella y otras presas políticas de la cárcel de Obrajes, en La Paz, tejieron con Mujeres Creando y una amplia constelación de compañeras. Desde ahí piensa la amistad política entre mujeres —lo que hace posible y los conflictos que trae consigo— y propone preguntas que ayudan a trazar desafíos compartidos.
Lo que comparte es, en sus palabras, un “potente talismán”: repasar lo vivido desde lo logrado y no desde las fallas.
