¿Por qué estas cartas?
Porque me empeño en contribuir a la profundización e intensificación del tiempo de rebelión feminista que se ha abierto en nuestro continente a golpe de lucha, de ocupación de la calle, de análisis y comprensión de nuestros dolores más íntimos, de deliberación política, de creación de todo tipo de vínculos y enlaces para sostener la vida, de politización multifacética de terrenos oscuros de la vida cotidiana, de debates eruditos e inteligentes y, claro que sí, de gozo y sorpresa compartida. Quiero contribuir también con palabras en los actuales momentos de creciente amenaza fascista.
Hace varios años que me dedico, principalmente, al trabajo de formación. Me doy cuenta de la fertilidad de mi oficio actual, que es el de profesora, cuando veo cómo florecen y se autoafirman muy queridas compañeras más jóvenes. El diálogo constante con ellas me nutre y me enriquece.
He aprendido que en la práctica de la relación cotidiana y sostenida con ellas el vínculo instituido se desborda cuando se crea confianza. El conocimiento, entonces, va y viene: fluye desde diversos flancos. Aprendemos. Aprendemos juntas y nos convertimos
en fuente de fuerza unas para otras. La práctica de la relación no disuelve las diferencias
entre distintas, pero las regula y las equilibra. Logra que tales vínculos no se conviertan, de manera inmediata, en relaciones jerárquicas y desigualadoras, aun si tales vínculos continúan siendo, con frecuencia, bastante conflictivos. He aprendido, también, que hay bloques de conocimiento del mundo cuya transmisión no es sencilla. Hablo de conocimiento del mundo, es decir, conocimiento práctico, conocimiento sensible, conocimiento intuitivo y conocimiento razonado y expresado de manera formal.
Por eso ahora me decido a escribir esta serie de cartas a mis hermanas más jóvenes. Confío en que algunos de los conocimientos sintetizados en estas cartas servirán para nutrir los esfuerzos de lucha en los que se afanen las posibles lectoras. Las cartas que me he propuesto escribir son cuatro. Ésta es la primera de ellas. Parto del problema más duro que he confrontado en mi ya largo empeño por construir tramas antipatriarcales por lo
común. Enuncio así porque llevo casi cuarenta años luchando y soy una feminista tardía. Me resulta difícil autoidentificarme. Me afano por ser parte de diversas tramas anti-
patriarcales por lo común, que hoy despliegan sus capacidades en diversas geografías. Así sintetizo —para volverlos expresables— los deseos que me han animado a lo largo de la vida. De ahí que el género epistolar de escritura me resulte una herramienta fértil para sostener la voz propia. ¡No me interesa establecer verdades! ¡Me empeño en compartir y repasar la experiencia vivida para expandir las capacidades colectivas y propias!
Comienzo esta carta por el problema más duro que he confrontado y cuya comprensión me ha llevado mucho tiempo entender con el cuerpo todo. Así se me ha presentado a mí el problema y ha trabado, varias veces, el despliegue de mi energía vital empeñada en contribuir a tejer, insisto, tramas antipatriarcales por lo común. Tales tramas, desde mi perspectiva, son la base de posibilidad de subversión y trastocamiento del mundo tal como está estructurado. Son cimiento de autodefensa y creación, de conservación-expansión de lo creado, de transformación y capacidad de lucha.
Organizo y comparto mi experiencia, pues, esperando que sea útil a otras hermanas más jóvenes que están dirigiendo su energía a desarmar el orden patriarcal que ensambla jerarquías y desigualdades coloniales y capitalistas, desde la rica constelación de
feminismos que hoy se practican y se expanden.
Raquel Gutiérrez Aguilar
